La revolución laboral: mejores sueldos y más empleo

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Mejorar los ingresos de los trabajadores es lo más importante para salir del estancamiento, ya que las sociedades crecen de abajo hacia arriba. Para que los sueldos mejoren, debe haber demanda de trabajadores y eso se logra si se generan las condiciones para crear los empleos.
Sin embargo, en nuestro país se ataca al empleo, excepto en el rubro de la construcción, mediante leyes como la Ley de Contrato del Trabajo y sus anexas, que van a contramano de lo que la economía necesita para crecer. El resultado son pocos emprendimientos y, como se sabe, pocos emprendimientos equivale a pocas ofertas de empleo.
Estas son las principales razones del estancamiento de las naciones-como la Argentina-. En ellas, pocas personas trabajan a pesar de que hay mucho por hacer; así se verifica más desocupación y más pobreza.
Parecen ignorar lo manifestado por Mario Vargas Llosa: “Los legisladores y gobernantes por primera vez en la historia de la humanidad pueden elegir que sus países sean pobres o desarrollados”; es decir, la clase dirigente debe establecer un clima favorable a los emprendimientos, que son los que crean la riqueza de las naciones.
Por otro lado, en el mundo intercomunicado de hoy, los pobres (más del 50% de nuestra población), tienen televisión y celulares, a través de los cuales observan que en muchos países desarrollados los trabajadores gozan de un buen nivel de vida; como consecuencia esperan un cambio; no ignoran que los planes son paliativos necesarios, pero no la solución.
Así es que en las últimas manifestaciones los carenciados, con grandes carteles, piden trabajo, trabajo genuino.
Parecen así volver las palabras de Adam Smith, quien en 1776 mencionaba: “Ninguna sociedad puede florecer y ser feliz cuando la gran mayoría de sus miembros son pobres y desdichados”.
Sin embargo, en nuestro país los trabajadores podrían estar muy bien protegidos por un verdadero Seguro de Desempleo, como el actual, pero cubriendo los salarios de los que pierden el empleo, financiado con un aporte de los empleadores del 8.33 % de los salarios.
Solo debemos lograr que este instituto sustituya la actual Ley de Contrato del Trabajo, sus anexas en sus cláusulas indemnizatorias y los estatutos especiales; todas estas regulaciones son las causantes del estancamiento y del subdesarrollo de nuestro país.
Con este cambio, como en los países desarrollados, se generará gran cantidad de nuevos emprendimientos y de inversiones; aumentará rápidamente la cantidad de empleo registrado y con la demanda de personal, se verificará el aumento de los salarios, imprescindible para el crecimiento.
La mayor actividad generará mayores ingresos fiscales que eliminarán los déficits, algunos impuestos y la inflación; así, al agrandarse el sector privado se achicará proporcionalmente el elefantiásico Estado, sin necesidad inmediata de reducir su plantilla.
El cambio propuesto permitirá un crecimiento a tasas superiores al 15 % de las chinas, llegando en no más de siete años a igualar el PBI per cápita de EE.UU., cuyo promedio de ingreso anual de los hogares en 2020 era de 65.712 dólares, según su Oficina del Censo, más de cinco veces que en nuestro país.
La Revolución Laboral será la protagonista del crecimiento y el desarrollo económico para volver a ser uno de los países más ricos, como en los albores del 1900. Solo falta que los legisladores, dejando a un lado sus banderías políticas, promuevan la modificación propuesta para que millones de compatriotas salgan de la pobreza, a partir de una sociedad mejor y con mejores salarios.
Enrique Lew es miembro del Departamento de Política Social de la UIA. Autor del libro “Pleno Empleo”.