La historia de Lili Dominguez conmueve y también expone las dificultades que atraviesa todos los días. Tiene 33 años, es ciega, vive en una pequeña vivienda que necesita importantes arreglos y enfrenta una realidad económica que muchas veces no le permite cubrir todas sus necesidades. A pesar de las dificultades, no se queda de brazos cruzados: cocina, vende pizzas, prepara empanadas y tortas fritas para juntar dinero y poder mejorar el lugar donde vive. Su objetivo más urgente es reparar el techo, que tiene filtraciones y provoca que el agua ingrese a las habitaciones cada vez que llueve.

En una charla con En Boca de Todos HD, Lili abrió las puertas de su casa y contó cómo es su vida, las dificultades que enfrenta y los sueños que todavía espera cumplir. Al describir su presente, fue sincera: «La vida me trata más o menos, me trata a los golpes». Incluso contó que durante esa misma jornada se había caído tres veces dentro de su vivienda, una situación que refleja los obstáculos que debe afrontar cotidianamente.

Lili vive desde hace casi un año en una construcción ubicada en la parte trasera de la casa de su abuela, quien se la presta para que pueda tener un poco más de independencia. Sin embargo, el lugar estaba muy deteriorado cuando llegó y todavía necesita numerosas reparaciones. La humedad, las instalaciones y, principalmente, el techo son algunos de los problemas que más la preocupan.

«Antes de mudarme empecé a arreglarla porque estaba muy deteriorada. Tenía mucha humedad, hubo que romper bastante y volver a hacer varias cosas. La idea es seguir mejorándola y dejarla lo mejor posible», relató.

Con el paso del tiempo logró avanzar en algunas mejoras gracias a sus propios esfuerzos, ahorros y la colaboración de personas cercanas. Incluso tuvo que solicitar un préstamo para poder realizar trabajos indispensables, aunque hoy esa deuda representa otra preocupación dentro de su economía.

Pero hay un problema que no puede esperar: el techo. Cuando llueve, el agua ingresa principalmente en las habitaciones y afecta el lugar donde duerme. «En la cocina no se nota tanto, pero en las habitaciones, especialmente en la que estoy yo, se llueve muchísimo. Necesito solucionarlo cuanto antes porque se vienen las lluvias y la humedad nunca termina de irse», explicó.

Para avanzar con las reparaciones cuenta con amigos que ya se ofrecieron a colaborar con la mano de obra. El problema es conseguir los materiales necesarios para que los trabajos puedan concretarse. «Mis amigos me dijeron que trate de conseguir la plata para los materiales y que ellos se encargan de ayudarme con la mano de obra. Siempre están dispuestos a darme una mano», contó.

Una lucha diaria para conseguir lo necesario

La situación económica de Lili es compleja. Cuenta con una pensión por discapacidad y una tarjeta social que utiliza principalmente para comprar alimentos, pero esos ingresos no alcanzan para cubrir todas sus necesidades.

A su condición de ceguera se sumaron otros problemas de salud: recientemente le detectaron diabetes y también tiene hipotiroidismo. Además, realiza un tratamiento psicológico y psiquiátrico, por lo que necesita mantener una medicación permanente.

«Todos los días tomo seis pastillas, además de utilizar gotas para los ojos y cremas para las manos. Hay medicamentos que cada vez cuesta más conseguir y, cuando no los encuentro, tengo que comprarlos por mi cuenta», explicó.

Uno de los ejemplos que mencionó es la glimepirida, que necesita para tratar la diabetes y que, pese a ser un medicamento de uso habitual, le resulta difícil conseguir.

Por eso, muchas veces debe reservar parte de su pensión para afrontar los gastos de farmacia y evitar quedarse sin los tratamientos que necesita.

A esta realidad se suma otra necesidad importante: Lili está intentando conseguir un acompañante a través de Incluir Salud. Hace meses que realiza gestiones y presentó documentación médica respaldada por su psicóloga, psiquiatra y médica de cabecera.

«Necesito un acompañante porque no puedo manejarme sola. Hace meses que estoy haciendo los trámites y ahora parece que empezaron a prestar más atención a mi pedido. Mis tres médicas presentaron informes y documentación, así que tengo la esperanza de que esta vez pueda conseguirlo», señaló.

Aunque ya había intentado conseguirlo en otras oportunidades sin obtener respuestas favorables, ahora tiene expectativas de que finalmente pueda avanzar el pedido.

Mientras tanto, recibe la ayuda de su abuela y de una tía, quienes la acompañan y están presentes cuando necesita asistir a consultas médicas.

Las pizzas, una manera de salir adelante

Lejos de quedarse esperando una solución, Lili busca distintas alternativas para generar sus propios ingresos. Ya organizó rifas, vendió empanadas y prepara tortas fritas cada vez que puede. Ahora encontró en las pizzas caseras una nueva oportunidad para reunir el dinero que necesita.

La cocina es una de las actividades que más disfruta. Ella misma prepara las masas y organiza las ventas, aunque reconoce que las cosas no vienen siendo fáciles.

«Ya probé con distintas cosas para juntar dinero. Hice rifas, vendí empanadas y también preparo tortas fritas cada tanto. Ahora estoy con las pizzas, pero las ventas vienen bastante flojas», contó durante la entrevista.

En esta oportunidad, organizó una nueva venta para el sábado 7 de noviembre. Cada pizza casera, lista para colocar en el horno, tiene un valor de $10.000. La intención es conseguir la mayor cantidad de pedidos posibles para avanzar con las reparaciones de su vivienda.

Pero Lili también necesita otras cosas: materiales para completar los revoques de las habitaciones, mejorar las paredes y terminar de acondicionar los distintos espacios de la casa.

«Para mí, cualquier ayuda cuenta. El que me compra una pizza me está ayudando, pero también me ayuda quien comparte la publicación o le cuenta a otra persona. Todo sirve, por más pequeño que parezca», expresó.

Un sueño que sigue intacto: vivir de la cocina

A pesar de todo lo que atraviesa, Lili conserva proyectos y actividades que la ayudan a seguir adelante. Los martes asiste a un espacio de cerámica, donde disfruta de realizar diferentes trabajos que también intenta vender, aunque reconoce que todavía no tuvo demasiada suerte.

Estudió en la Escuela 66 y luego continuó en el colegio Ciudad, aunque no pudo terminar la secundaria. Tiene pocos amigos, como ella misma reconoce, pero destaca especialmente a quienes la acompañan y le dan una mano.

Cuando llegó el momento de preguntarle cuál es su mayor sueño, no dudó demasiado en responder: «Me gustaría poder dedicarme a la cocina».

«Es algo que realmente disfruto. Me encanta cocinar y preparar cosas para los demás. Ojalá algún día pueda vivir de eso, porque es lo que me gusta hacer», contó con ilusión.

Incluso se animó a hablar de uno de sus platos: las albóndigas con arroz. Entre risas, aseguró que es una de las comidas que mejor le salen y que, hasta el momento, nadie se quejó de su preparación.

Hoy, Lili necesita mucho más que una venta de pizzas. Necesita materiales para reparar su casa, ayuda para afrontar sus gastos cotidianos y una respuesta que le permita contar con el acompañamiento que viene solicitando. Pero, sobre todo, necesita oportunidades para seguir construyendo una vida con mayor independencia.

Quienes quieran colaborar pueden hacerlo encargándole pizzas, acercándole materiales, realizando algún aporte económico o simplemente compartiendo su historia para que llegue a más personas.

Cómo ayudar a Lili Dominguez

  • Pizzas caseras: $10.000 cada una.
  • Fecha de entrega: sábado 7 de noviembre.
  • Pedidos y consultas: WhatsApp 2302 313628.
  • Facebook: Lili Dominguez.
  • Ubicación: General Pico.

«Quienes quieran ayudar pueden hacerlo de la manera que puedan. No necesariamente tienen que aportar dinero o comprarme algo; compartir mi historia también es una forma de colaborar», expresó Lili durante el diálogo con En Boca de Todos HD.

Hoy, una compra, un mensaje o compartir su historia puede convertirse en una ayuda enorme para que Lili consiga reparar su casa y esté un poco más cerca de ese sueño que todavía mantiene intacto: poder vivir de lo que tanto le gusta, la cocina.

Por llanura

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